¿Qué son los depósitos de agua y por qué requieren limpieza periódica?

Tipos de depósitos más comunes en edificios residenciales y comerciales

Un depósito de agua potable funciona como un acumulador intermedio dentro de la red de distribución. Estas infraestructuras, que adoptan la forma de aljibes enterrados, cisternas de hormigón o depósitos aéreos de acero ubicados en cubiertas o salas técnicas, garantizan que el suministro de agua no sufra interrupciones en los momentos de máxima demanda. En las comunidades de vecinos y fincas residenciales, predominan históricamente los aljibes fabricados en polietileno de alta densidad o los antiguos depósitos de fibrocemento. Por el contrario, en las instalaciones industriales, los complejos hoteleros y los centros sanitarios es muy habitual encontrar cisternas de acero inoxidable equipadas con recubrimientos epoxídicos de grado alimentario, diseñados específicamente para minimizar la adherencia de microorganismos.

La naturaleza de los materiales de fabricación y la ubicación física del depósito condicionan directamente la velocidad a la que se acumulan los residuos. Las estructuras que se encuentran situadas en zonas subterráneas, con baja exposición a la luz y con una tasa reducida de renovación de agua, tienden a acumular sedimentos finos como arenas, óxidos de hierro desprendidos de las canalizaciones de la red general y partículas de materia orgánica suspendida. Con el paso del tiempo, este lodo se asienta de manera natural en la solera del aljibe, creando un sustrato idóneo para el desarrollo de colonias bacterianas y la posterior formación de biofilm o biopelícula, una matriz viscosa que protege a los patógenos frente a la acción de los desinfectantes residuales presentes en el agua de red pública.

Señales visuales y analíticas que indican necesidad de limpieza

La acumulación de suciedad en un depósito suele manifestarse a través de indicadores físicos que resultan perceptibles a simple vista o mediante análisis de laboratorio específicos. Visualmente, la acumulación de lodos oscuros en la solera del aljibe, la presencia de una película resbaladiza en las paredes internas y la pérdida de transparencia del agua acumulada son llamadas de atención que exigen una intervención. En términos analíticos, un incremento en los niveles de turbidez por encima de las 5 unidades nefelométricas de turbidez (NTU) señala que las partículas en suspensión superan los límites aceptables para el consumo seguro de las personas.

Asimismo, la aparición de un sabor metálico o de un olor persistente a cloro suele revelar que el agente desinfectante está reaccionando de manera intensa con la materia orgánica acumulada en el fondo, generando subproductos derivados de la desinfección. Estudios sanitarios llevados a cabo en el territorio español señalan que cerca del 30 % de los brotes de legionelosis registrados en el ámbito urbano se originan en depósitos de agua fría de consumo humano que han permanecido sin operaciones de mantenimiento o limpieza por periodos superiores a los doce meses. Este dato evidencia la conexión directa entre la falta de higiene en el depósito y la propagación de bacterias oportunistas como Legionella pneumophila.

El estancamiento prolongado del agua favorece además el desarrollo de condiciones anaerobias en las capas inferiores del lodo acumulado. Esto propicia que bacterias reductoras de sulfato generen ácido sulfhídrico, un gas reconocible por su olor característico a huevo podrido. Este fenómeno no solo altera de manera negativa las propiedades organolépticas del suministro, sino que provoca quejas inmediatas entre los usuarios de la red de distribución y acelera la corrosión de los componentes metálicos de la instalación.

Marco normativo aplicable a la limpieza y desinfección de depósitos de agua

Responsabilidades del propietario vs. del administrador de fincas

La legislación española establece un marco riguroso para garantizar la calidad del agua desde la red de distribución hasta el grifo del consumidor final. El Real Decreto 140/2003 define los criterios sanitarios que debe cumplir el agua de consumo humano, señalando que la persona física o jurídica encargada de la gestión de la instalación interior debe velar por el mantenimiento de la calidad del agua almacenada. Esta normativa se complementa con el Real Decreto 865/2003, enfocado en la prevención y control de la legionelosis en instalaciones de riesgo, entre las que se incluyen de manera explícita los sistemas de agua fría sanitaria provistos de depósitos de almacenamiento.

La actualización normativa introducida por el Real Decreto 3/2023 endurece estos controles, exigiendo el registro exhaustivo de las concentraciones de biocidas empleadas, los tiempos de contacto y las metodologías de limpieza aplicadas en cada intervención técnica sobre el depósito. La responsabilidad legal de mantener estas condiciones de salubridad recae en primera instancia sobre el propietario del inmueble o la junta de propietarios en el caso de comunidades de vecinos. No obstante, en la práctica habitual, estas obligaciones suelen ser gestionadas de forma directa por el administrador de fincas. Este profesional asume la tarea de planificar las revisiones periódicas, contratar a empresas de saneamiento autorizadas que cuenten con las certificaciones oficiales requeridas, y custodiar el libro de registro de la instalación, un documento que debe estar permanentemente actualizado para su exhibición ante posibles inspecciones de las autoridades de salud pública.

Plazos de revisión y periodicidad mínima establecida por cada norma

Los plazos para realizar las tareas de mantenimiento preventivo están tabulados por la legislación. De acuerdo con el Real Decreto 865/2003, los depósitos de agua fría de consumo humano deben someterse a una evaluación del riesgo de proliferación de Legionella con una frecuencia mínima semestral, independientemente de la capacidad total de almacenamiento del sistema. En lo que respecta a las tareas físicas de vaciado, limpieza mecánica y desinfección química, el Real Decreto 3/2023 estipula que estas deben ejecutarse al menos una vez al año para asegurar la salubridad de los depósitos de agua potable.

Este intervalo de doce meses debe reducirse si las evaluaciones de riesgo intermedias o los análisis de calidad del agua revelan una acumulación acelerada de sedimentos o variaciones anómalas en los niveles de cloro residual libre. El incumplimiento de estos plazos obligatorios expone a los titulares de las instalaciones a sanciones administrativas por parte de las consejerías de sanidad autonómicas. En situaciones donde se demuestre que un brote infeccioso ha tenido su origen en un depósito sin mantenimiento reglamentario, los responsables pueden enfrentarse a demandas por responsabilidad civil y penal, acompañadas de indemnizaciones económicas considerables. La normativa exige registrar documentalmente cada actuación, guardando el nombre del técnico aplicador, la fecha, los productos utilizados y sus números de registro oficial durante un periodo mínimo de cinco años.

Procedimiento paso a paso para la limpieza y desinfección de depósitos de agua

Equipos recomendados: bombas de vacío, cepillos de nylon, sistemas de inyección de desinfectante

La ejecución de un servicio de saneamiento profesional requiere una secuencia de trabajo metódica y el uso de herramientas específicas para evitar daños en la estructura del depósito. El proceso se inicia con el aislamiento hidráulico de la instalación, cerrando de forma hermética las válvulas de entrada desde la red general y las llaves de salida hacia la red de distribución interior. Si el sistema cuenta con grupos de presión o bombas de impulsión, estos deben desconectarse eléctricamente para prevenir que funcionen en seco durante la intervención de limpieza.

Una vez aislado, se procede al vaciado del agua acumulada. Para ello, se emplean bombas de achique o bombas de vacío sumergibles de alto caudal, diseñadas para extraer el agua limpia remanente y los lodos densos concentrados en la parte inferior de la solera. Tras retirar el líquido, se inicia la fase de limpieza mecánica. Los técnicos acceden al interior provistos de cepillos de cerdas de nylon o polipropileno de dureza media. Este material permite frotar las paredes y el suelo del depósito para desprender el biofilm y las incrustaciones calcáreas sin rayar ni deteriorar los tratamientos epoxídicos, las láminas impermeabilizantes o las paredes de plástico.

Los residuos desprendidos durante el cepillado se aspiran de inmediato con un sistema de succión portátil para evitar que se sequen y se adhieran nuevamente. Se debe asegurar que al menos el 90 % de la superficie interna quede libre de depósitos visibles antes de iniciar la fase química. Para eliminar las incrustaciones de cal más rebeldes, se aplican desincrustantes químicos biodegradables autorizados para el contacto con agua potable. La desinfección química posterior se realiza aplicando un biocida homologado por el Ministerio de Sanidad, siendo el hipoclorito de sodio el compuesto más utilizado. Se prepara una solución con una concentración de cloro activo de 200 miligramos por litro (mg/L), la cual se pulveriza de forma homogénea sobre todas las paredes internas, techos y suelos del depósito. Se mantiene un tiempo de contacto mínimo de 30 minutos para garantizar la destrucción de cualquier microorganismo patógeno.

Transcurrido este periodo, se realiza un enjuague con agua limpia de la red de distribución. Este aclarado se prolonga hasta que las mediciones de cloro libre residual en el agua de salida, analizadas mediante el método colorimétrico DPD-1, se sitúen por debajo de los 0,2 mg/L, garantizando que el agua vuelve a ser apta para el consumo humano sin riesgo de toxicidad. Finalmente, se restablece el llenado normal del depósito. De forma opcional, pero recomendable para verificar la efectividad del tratamiento, se toman muestras para realizar cultivos de bacterias aerobias a 22 °C y 37 °C, así como análisis específicos de presencia de Legionella.

Medidas de seguridad para el personal (equipos de protección individual, ventilación)

El trabajo dentro de depósitos de agua potable se clasifica como una actividad en espacios confinados, lo que exige el cumplimiento estricto de protocolos de prevención de riesgos laborales. Los operarios deben ir equipados con equipos de protección individual (EPI) específicos, que incluyen monos de trabajo impermeables, botas de seguridad de caña alta con suela antideslizante, guantes de nitrilo de alta resistencia química y gafas de montura integral para proteger los ojos de las salpicaduras de cloro.

Cuando se manejan concentraciones elevadas de hipoclorito de sodio u otros desinfectantes oxidantes, es obligatorio el uso de máscaras faciales provistas de filtros para gases ácidos y partículas tipo P2 o P3. En depósitos subterráneos o con aperturas de acceso estrechas, se debe instalar un sistema de ventilación forzada mediante extractores e insufladores de aire portátiles. Este equipo renueva continuamente la atmósfera interior, evitando la acumulación de gases clorados nocivos para las vías respiratorias y garantizando un porcentaje seguro de oxígeno en el aire de trabajo. Adicionalmente, los operarios deben utilizar arneses de seguridad anticaídas anclados a trípodes exteriores de rescate y plataformas de trabajo estables cuando la altura interior del depósito supere los dos metros, minimizando el riesgo de resbalones y caídas sobre las superficies húmedas.

Frecuencia recomendada y variables que influyen en el programa de mantenimiento

Ejemplo de calendario de mantenimiento para una comunidad de propietarios

Aunque la legislación general establece que la limpieza de los depósitos de agua de consumo debe ser anual, las características específicas de cada instalación pueden obligar a acortar estos plazos. En una comunidad de propietarios estándar con suministro de agua de dureza moderada, un calendario de mantenimiento preventivo equilibrado contempla una inspección visual del estado del aljibe cada seis meses. Durante esta revisión, se comprueba la estanqueidad de las tapas de acceso, el correcto funcionamiento de los filtros de ventilación para evitar la entrada de insectos y la ausencia de acumulaciones anómalas de sedimentos en el fondo.

Si la dureza del agua de suministro supera los 300 mg/L de carbonato de calcio (CaCO3), el riesgo de que se formen incrustaciones calcáreas en las paredes del depósito se eleva considerablemente. En estas circunstancias, la inspección visual semestral se vuelve indispensable para programar limpiezas mecánicas extraordinarias antes de que la cal reduzca la sección de las tuberías de aspiración o dañe las bombas de impulsión. Por otra parte, en edificios residenciales que cuentan con sistemas de recirculación de agua caliente sanitaria o circuitos de retorno constantes, la temperatura templada del agua favorece una proliferación bacteriana más acelerada. En estos casos, la buena praxis técnica aconseja realizar operaciones de limpieza mecánica y desinfección química cada tres o cuatro meses.

Cómo ajustar la periodicidad tras un resultado positivo de legionela

La detección de niveles de Legionella superiores a las 100 unidades formadoras de colonias por litro (ufc/L) en los análisis de control obliga a activar de inmediato un protocolo de actuación de emergencia. La primera medida consiste en aislar el depósito afectado y suspender temporalmente el suministro a las zonas de consumo donde se puedan generar aerosoles. De manera inmediata, se debe llevar a cabo una limpieza de choque que combine el cepillado mecánico riguroso de todas las superficies con una hipercloración, elevando la concentración de cloro libre residual a niveles de entre 15 y 20 mg/L durante varias horas, o aplicando tratamientos térmicos si el sistema lo permite.

Una vez concluido el tratamiento de choque y enjuagado el sistema, se debe realizar un análisis microbiológico de contraste transcurridos quince días para confirmar la erradicación de la bacteria. Si los resultados del cultivo continúan mostrando presencia de Legionella, se debe proceder a una revisión estructural completa de la instalación para identificar posibles zonas muertas de la tubería donde el agua quede estancada, tramos con temperaturas inadecuadas o materiales incompatibles. En estas situaciones de persistencia, se hace necesario incrementar de forma permanente la frecuencia de las limpiezas preventivas a periodos trimestrales, además de valorar la instalación de sistemas de desinfección en continuo o filtros de membrana de última generación en los puntos de consumo críticos. Todos estos eventos, medidas correctoras y analíticas de seguimiento deben quedar registrados minuciosamente en el libro de mantenimiento de la instalación, manteniéndose a disposición de los inspectores sanitarios durante un plazo mínimo de cinco años, de acuerdo con las directrices del Real Decreto 3/2023.

Riesgos y consecuencias de no realizar la limpieza de depósitos de agua

Casos documentados de brotes vinculados a depósitos no mantenidos en España

La ausencia de un programa de mantenimiento adecuado en los depósitos de almacenamiento de agua conlleva serios riesgos para la salud pública. En el año 2022, un brote de legionelosis detectado en un gran complejo de oficinas situado en la Comunidad de Madrid afectó a varios trabajadores de la instalación. Las investigaciones epidemiológicas llevadas a cabo por los técnicos de salud pública determinaron que el foco de contaminación se localizaba en un depósito de agua fría sanitaria que había permanecido sin limpiar ni desinfectar durante más de dieciocho meses. Los análisis microbiológicos de las muestras tomadas en el aljibe revelaron concentraciones de Legionella pneumophila superiores a las 10 000 ufc/L en la línea de salida de agua hacia los puntos de consumo.

Otro caso significativo ocurrió en un complejo residencial de la provincia de Barcelona en 2021. Los vecinos comenzaron a reportar de forma reiterada un sabor metálico desagradable y un aumento notable en la turbidez del agua sanitaria. La inspección técnica del aljibe de polietileno reveló que las paredes interiores estaban completamente cubiertas por una gruesa capa de biofilm y lodo orgánico de color negruzco. Aunque en este caso no se llegaron a registrar infecciones bacterianas graves, la proliferación de microorganismos alteró por completo los parámetros organolépticos del agua, obligando a los residentes a consumir agua de fuentes alternativas hasta que se completó un saneamiento profundo de la instalación y se restablecieron los valores normales exigidos por la legislación.

Sanciones medias impuestas por autoridades sanitarias en los últimos tres años

Las consecuencias de omitir las obligaciones de mantenimiento no se limitan a los riesgos sanitarios, sino que tienen un impacto económico directo en forma de penalizaciones administrativas. Las estadísticas publicadas por el Ministerio de Sanidad indican que las multas medias impuestas por las delegaciones de salud autonómicas por infracciones relacionadas con el Real Decreto 865/2003 y el Real Decreto 140/2003 se situaron en torno a los 6 000 euros durante el ejercicio de 2023. Estas sanciones varían significativamente según el grado de negligencia, la reincidencia del titular de la instalación y la existencia de daños efectivos a la salud de las personas, pudiendo alcanzar cuantías muy superiores en casos calificados como muy graves.

A estas multas se deben añadir los costes derivados de las reclamaciones de responsabilidad civil por parte de los afectados, así como los gastos asociados a las reparaciones de emergencia y la sustitución de elementos deteriorados. Por ejemplo, el coste medio de sustitución de un depósito de almacenamiento de 5 metros cúbicos que haya sufrido daños estructurales severos debido a incrustaciones calcáreas descontroladas o corrosión galvánica supera habitualmente los 2 500 euros. Este importe incluye las tareas de demolición de tabiques para la extracción del depósito viejo, el transporte del residuo, la adquisición del nuevo depósito homologado y su posterior conexionado hidráulico. Estos datos demuestran que la inversión en un programa anual de limpieza preventiva resulta sustancialmente más económica que afrontar las consecuencias de una sanción o una avería mayor en la instalación.

Cómo seleccionar una empresa de fontanería especializada en limpieza de depósitos de agua

Preguntas clave que se deben hacer al solicitar presupuesto

La limpieza y desinfección de depósitos de agua potable no puede ser ejecutada por cualquier operario de fontanería general, ya que requiere autorizaciones específicas para el manejo de productos biocidas de uso profesional. Al solicitar presupuestos para este servicio, la primera comprobación obligatoria es verificar que la empresa contratista se encuentre debidamente inscrita en el Registro Oficial de Establecimientos y Servicios Biocidas (ROESB) de su comunidad autónoma. El número de registro en el ROESB debe figurar de manera clara y visible tanto en la oferta comercial como en los partes de trabajo y certificados finales que se emitan.

Asimismo, es indispensable preguntar por la cualificación técnica directa del personal que acudirá a realizar los trabajos de campo. Los operarios deben contar con el Certificado de Profesionalidad en Servicios para el Control de Plagas o, en su defecto, haber superado los cursos de capacitación homologados para el mantenimiento higiénico-sanitario de instalaciones de riesgo frente a Legionella, según lo estipulado en el Real Decreto 830/2010. Otra cuestión relevante es consultar sobre la experiencia de la empresa en instalaciones de tipología similar a la del cliente, solicitando referencias generales de trabajos realizados en comunidades de propietarios, complejos hoteleros o centros sanitarios, lo que garantiza que conocen los protocolos de seguridad específicos para cada entorno.

Checklist de documentación que la empresa debe proporcionar antes de comenzar el trabajo

Para asegurar el cumplimiento de la legalidad y garantizar la seguridad de la intervención, la empresa seleccionada debe aportar un paquete documental completo antes de que los técnicos accedan a las instalaciones. Este checklist incluye la siguiente documentación obligatoria:

  • Copia actualizada de la inscripción de la empresa en el Registro Oficial de Establecimientos y Servicios Biocidas (ROESB).
  • Acreditaciones de formación específica del personal técnico asignado al servicio, incluyendo habilitaciones para trabajos en espacios confinados y manejo de biocidas.
  • Fichas de datos de seguridad y números de registro de los productos químicos y biocidas que se planea emplear durante la desinfección, demostrando que están autorizados para su uso en agua de consumo humano por el Ministerio de Sanidad.
  • Plan de prevención de riesgos laborales específico para la intervención, donde se detallen los equipos de protección individual (EPI) que utilizarán los operarios y las medidas de ventilación y rescate previstas para el acceso al depósito.
  • Modelo del certificado oficial de limpieza y desinfección que se entregará al finalizar el servicio, el cual deberá incluir los datos del responsable técnico, los productos aplicados con sus dosis correspondientes y los resultados de las mediciones de cloro libre residual tras el enjuague final.

Qué incluye el servicio de limpieza de depósitos de agua y cómo se estructura el presupuesto

Factores que influyen en el coste: volumen del depósito, altura de acceso, necesidad de andamios o plataformas

El coste final de un servicio de saneamiento de depósitos de agua viene determinado por diversas variables técnicas que definen la complejidad de la intervención. El primer factor de peso es el volumen total de almacenamiento del depósito. La capacidad en metros cúbicos condiciona de forma directa el tiempo necesario para realizar las operaciones de vaciado y llenado, la cantidad de lodos acumulados que deben ser extraídos y tratados, y el volumen de soluciones químicas desinfectantes requeridas para cubrir toda la superficie interna del sistema.

La accesibilidad física al depósito es otra variable crítica. Si el aljibe se encuentra ubicado en un sótano profundo, en un local técnico con altura libre inferior a 1,8 metros o en una azotea de difícil acceso, las tareas de transporte de maquinaria, mangueras de succión y equipos de ventilación se vuelven más complejas. En situaciones donde el depósito tiene una altura superior a los dos metros, puede ser necesaria la instalación de andamios interiores homologados o el uso de plataformas elevadoras de tijera para que los operarios realicen el cepillado mecánico de los techos y las partes altas de las paredes con total seguridad, lo que incrementa los costes de mano de obra y alquiler de equipos auxiliares.

Por último, la distancia hasta un centro de gestión autorizado influye en las tarifas de transporte de los lodos extraídos del fondo del depósito, estimándose que los costes de vaciado mecánico y gestión de estos residuos oscilan habitualmente entre los 80 y los 150 euros por metro cúbico extraído, dependiendo de la composición de los lodos y la logística requerida en la zona.

Ejemplo de desglose presupuestario para un depósito de 3 m³ en un edificio de viviendas

Para comprender cómo se estructuran comercialmente estas tarifas, se puede analizar el caso de un depósito de agua potable de 3 metros cúbicos de capacidad ubicado en una comunidad de propietarios con un acceso estándar de planta baja. Un presupuesto tipo desglosaría los siguientes conceptos:

La partida destinada al vaciado inicial del depósito y la posterior extracción y transporte de los lodos acumulados en la solera suele situarse en un rango de entre 240 y 450 euros, calculados sobre la base del volumen de residuos y la complejidad de la succión. La fase de limpieza mecánica de las paredes y el suelo utilizando cepillos de nylon de dureza media y sistemas de aspiración de residuos sólidos suele tarificarse mediante un coste de mano de obra de aproximadamente 90 euros, reflejando el tiempo de trabajo físico de los operarios dentro de la estructura.

La desinfección química posterior, aplicando una solución de hipoclorito de sodio registrada y autorizada para agua de consumo, tiene un coste aproximado de 12 euros por metro cúbico de volumen tratado. Para un depósito de 3 metros cúbicos, este concepto sumaría unos 36 euros, incluyendo el coste del producto químico y los neutralizadores de cloro empleados antes del vertido del agua de enjuague a la red de saneamiento. Las labores de aclarado final con agua limpia de la red no suelen generar costes adicionales en el presupuesto de la empresa, ya que el consumo de agua corre a cargo de la propia comunidad de propietarios a través de su póliza de suministro habitual.

El coste de emisión del informe técnico oficial y el certificado de desinfección, que detalla la fecha de actuación, el nombre del responsable técnico, su número de colegiación o habilitación y la relación de biocidas aplicados con sus respectivos números de registro, suele presentarse integrado en el precio de la intervención o como una partida independiente valorada en unos 20 o 30 euros. Sumando todos estos conceptos, el presupuesto total estimado para el saneamiento completo de un depósito de 3 metros cúbicos oscila en una horquilla de entre 386 y 606 euros, variando según la ubicación de la finca y la facilidad de acceso a las conexiones hidráulicas.

Preguntas frecuentes (FAQ) sobre la limpieza de depósitos de agua

¿Cada cuánto tiempo se debe limpiar un depósito de agua potable?

La normativa española vigente, en concreto el Real Decreto 3/2023, establece que la limpieza y desinfección de los depósitos destinados al almacenamiento de agua de consumo humano debe realizarse como mínimo una vez al año. En aquellas zonas geográficas donde el agua de red presente una elevada dureza mineral, superior a los 300 mg/L de CaCO3, o en instalaciones con un patrón de consumo irregular, es aconsejable reducir este intervalo a los seis meses para evitar acumulaciones excesivas de cal y sedimentos orgánicos.

¿Es obligatorio el análisis de legionela después de la limpieza?

La realización de análisis específicos para la detección de Legionella no es obligatoria de forma sistemática tras cada intervención ordinaria de limpieza anual, a menos que se trate de instalaciones clasificadas de alto riesgo o que exista un requerimiento expreso por parte de la autoridad sanitaria local. No obstante, realizar esta analítica es una práctica técnica muy recomendable para verificar de forma fehaciente la efectividad de los tratamientos de desinfección aplicados y garantizar la salubridad del suministro antes de restablecer el uso normal de la red.

¿Se puede usar el agua inmediatamente después del servicio?

Una vez concluido el enjuague final del depósito, el agua almacenada es perfectamente apta para el consumo y la higiene personal, siempre y cuando los niveles de cloro libre residual medidos en los grifos de la vivienda se sitúen por debajo del límite máximo de 0,5 mg/L establecido por el Real Decreto 140/2003. En caso de que las mediciones iniciales muestren concentraciones superiores, se debe continuar con el purgado de las tuberías y el aclarado del depósito hasta que los valores se desvíen hacia los rangos sanitarios permitidos.

¿Qué diferencia hay entre limpieza y desinfección?

Aunque a menudo se emplean como términos equivalentes, representan dos etapas distintas y complementarias del proceso de saneamiento. La limpieza es una operación física y mecánica orientada a eliminar los sedimentos, lodos depositados, incrustaciones calcáreas y la película de biofilm adherida a las superficies interiores del depósito. Por su parte, la desinfección es un proceso químico posterior que utiliza agentes biocidas autorizados para destruir de forma selectiva los microorganismos patógenos, como bacterias y virus, que puedan permanecer viables en el agua o en los poros de los materiales del depósito tras la limpieza física.

¿Qué pasa si el depósito está ubicado en un sótano con acceso limitado?

La ubicación en espacios confinados o sótanos con techos de baja altura exige la adaptación de las metodologías de trabajo por razones de seguridad y eficacia. En estas situaciones, las empresas especializadas emplean equipos de aspiración de lodos de alta potencia capaces de trabajar a distancia y sistemas de pulverización de biocidas mediante pértigas o boquillas de rotación automática. Estas herramientas permiten aplicar los desinfectantes de manera homogénea alcanzando al menos el 90 % de la superficie interna del aljibe, garantizando un saneamiento completo sin comprometer la seguridad física de los operarios encargados del servicio.